El aguila Real en Peligro

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El aguila real en peligro
El aguila real en peligro

Su vuelo podría verse interrumpido muy pronto. Las amenazas más importantes del águila real son la electrocución, la cacería ilegal, la pérdida de hábitat, el aumento de actividades forestales, la perturbación humana de sus zonas de anidación, el tráfico ilegal para su venta y el envenenamiento por plaguicidas, advierte la Conabio.

Fulvio Eccardi, uno de los principales abanderados de esta águila, lucha por conservarla y dice que a pesar de su simbolismo, se sabe muy poco de esta especie pues las observaciones de campo son escasas. Monte Escobedo, Zacatecas, un lugar donde se habían registrado el mayor número de avistamientos, no ha visto volar a una en 15 años, según pobladores locales.

Durante muchos años fueron vistas como competencia para el humano en la cacería de liebres y pavos y como amenaza para la ganadería, dice Eccardi en un artículo publicado en la revista de la Conabio, e incluso en 1968 la Asociación Ganadera pagaba 5 pesos por cada águila muerta.

Quien lograba matar alguna la colgaba en su burro y la paseaba por el pueblo para que la gente le diera algo de dinero contó a Eccardi, Carlos Carrillo, un conservacionista local. Como casi siempre la extinción de una especie está conectada con otras, al águila real la afectó la campaña de envenenamiento emprendida contra el lobo mexicano. Eccardi explica que los insecticidas organoclorados afectaron la viabilidad de los embriones de casi todas las rapaces.

Los esfuerzos para salvarla han crecido, aprovechando los festejos del Bicentenario. En la página, aguilarealmexico.com se muestran iniciativas concretas para protegerlas, en las que puede participar cualquier ciudadano.

Pero falta mucho por hacer. La Norma Oficial Mexicana de categorías de riesgo la considera una especie amenazada y no en peligro de extinción.

 

¿Sobrevivirán?

 

Aquel tiempo cuando las plumas de colores rojos, verdes y azules abundaban y con su vuelo pintaban el cielo de las selvas quedó atrás.

En el bosque, en el manglar, en la costa, allá en la sierra donde las comunidades indígenas luchan por sobrevivir a lado de especies amenazadas, se escuchan aleteos que no celebran la Independencia ni la Revolución, son parvadas reducidas de diversas aves como la guacamaya escarlata, que vuela desesperada de un árbol a otro buscando un trozo verde para vivir.

Hoy su distribución en el País se limita a la zona sur de río Lacantún en la Selva Lacandona, ya no se le registra en ninguna zona más al norte, como antes, cuando volaba libre en Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí, Oaxaca, Tabasco y Campeche.

En el 93 se había estimado que quedaban 250 ejemplares. Los traficantes de aves silvestres y la destrucción de más del 90 por ciento de su hábitat las ha hecho más propensas a desaparecer.

El grito de la guacamaya escarlata hace eco en casi 2 mil 600 especies más en peligro de desaparecer.

La vaquita marina es la que exige mayor urgencia. Hace tres años la Conanp estimó que quedaban alrededor de 150 ejemplares y aunque la especialista Julia Carabias informa que se está haciendo un esfuerzo importante, todavía son necesarios ajustes.

Si cuesta dinero que cueste, si implica conflictos políticos hay que enfrentarlos y si hay que afectar intereses particulares, hay que hacerlo y tomar las decisiones. Todavía no estamos para nada claros que se vaya a recuperar, pero en la lucha por conservar una especie, nunca van haber esfuerzos en vano.

Hay que hacer todo lo que se pueda para salvarla, como con todas las especies. Es una cuestión ética, somos una especie más en el planeta y no tenemos ningún derecho a que por nuestra acción eliminando a otras, denuncia Carabias.

 

Lo que queda de los ecosistemas

 

La tortuga laúd y el manatí también están dentro de las más vulnerables. Sus ecosistemas son amenazados por la actividad industrial, agrícola, turística, pesquera y minera y por las descargas de desechos urbanos, aguas negras y residuos industriales.

De hecho, si hay que hablar de los ecosistemas en mayor riesgo, los expertos señalan que se debe hacer hincapié en los acuáticos. Ríos, ciénegas, cenotes, lagunas han sido afectados por contaminación, sobreexplotación, deforestación, extracción de agua e introducción de especies exóticas.

Manglares, humedales, dunas costeras, arrecifes de coral y fondos marinos peligran por la sobreexplotación de pesquerías, el uso no planeado e insostenible para la industria y el turismo, y el dragado.

Y la protección federal es mínima. La Conabio informa que las Áreas Protegidas Marinas apenas cubren el 1.4 por ciento de la superficie que corresponde a la zona económica exclusiva y que faltaría de proteger al menos 9 por ciento más mediante AP o incorporarlos en alguna forma de manejo sustentable que asegure su permanencia.

De los terrestres, las reservas de El Triunfo y Montes Azules en Chiapas requieren mayor protección, así como todo el estado de Guerrero, que carece de Áreas Federales.

Los Chimalapas, en Oaxaca, es un caso extremo, ya que no está protegida ni por la CONANP ni por el estado.

Los matorrales xerófilos y el desierto de Chihuahua en el norte del país también han sido señalados en peligro ahí habitan especies emblemáticas e importantes que son parte del flujo neoártico que alberga México como el puma, el oso negro, el berrendo, el perro de la pradera, venado bura entre otros.

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